28 noviembre 2011

HENRI CARTIER-BRESSON. PRÓLOGO

"Domingo en las orillas del Marne" 1938, Henri Cartier-Breson.

Henri Cartier-Bresson fue una leyenda viviente. No hay ningún otro fotógrafo, que como él, sea citado tan a menudo para ilustrar una de las grandes posibilidades de la fotografía: la de fijar el instante. Pero para este no se trataba de cualquier instante, como es el caso de los autores del 99% de los millones de imágenes hechas todos los días. Para él solo contaba “el momento decisivo”, aquel que lleva en sí mismo la esencia de una situación.

Insistió constantemente sobre el hecho de que es imposible aprender el arte de la fotografía. Él tenia el talento de comprender rápidamente las cosas, al mismo tiempo que una extraordinaria capacidad de reacción. Poseía un instinto que le hacía encontrarse siempre (cuando la situación le interesaba) en el lugar apropiado y en el momento apropiado, para apretar el disparador cuando la situación alcanzaba el punto culminante. Así, logro siempre arrancar al pasado una fracción de realidad y hacerle una mueca burlona al tiempo. Para Cartier-Breson, era muy importante la idea de que la fotografía está en condiciones de producir una imagen fiel de la realidad, que es capaz de decir la verdad. Su forma de fotografiar solo se concibe a partir de ese postulado. Porque el instante del que hablamos, considerado “decisivo”, lo es únicamente en el contexto de una situación vivida: para ser comprendido, debe tener una relación directa con la realidad. En ese sentido, Cartier-Bresson fue fino observador, un hombre con gran capacidad para ver que sabe lo que quiere y lo que le interesa.



"Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje." Cartier-Bresson.

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